EL VIAJERO DEL TIEMPO (II): SIN PAZ NO ES POSIBLE EL COMERCIO O AUNQUE LA MONA SE VISTA DE SEDA

LOS MONOS BAILARINES

Un príncipe tenía algunos monos entrenados para bailar.

Siendo naturalmente grandes imitadores de las acciones de los hombres, demostraron ser unos alumnos apropiados, y cuando los vestían con su ropa y máscaras, bailaban tan bien como cualquiera de los cortesanos.

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Esopo. Crónica de Nuremberg, 1493. Fuente: Wikipedia

El espectáculo era repetido a menudo con grandes aplausos, hasta que en una ocasión a un cortesano se le ocurrió una travesura, y tomó de su bolsillo un puñado de nueces y las lanzó sobre ellos.

Los monos a la vista de las nueces olvidaron su baile y se pusieron a actuar como en efecto eran, monos en vez de actores.

Quitándose sus máscaras y rompiendo sus trajes, lucharon el uno contra el otro por las nueces.

El espectáculo del baile llegó así a un final entre la risa y la burla del auditorio.

No se puede cambiar la naturaleza de un ser, aun vistiéndolo con ropa fina.

Esopo

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Resulta extraño el hecho de que podamos pasar años sin conocernos realmente a nosotros mismos. Es sorprendente ver cómo las circunstancias pueden cambiar un espíritu reservado en otro expresivo o a un individuo dócil en atrevido. En algún rincón del alma se deben encontrar las razones de la alegría, de la euforia y de su hija la osadía.

Nosce te ipsum Jacob Jordaens
Nosce te ipsum. Grabado de Jacob Jordaens (1593-1678). Fuente: Wikimedia commons

Llevaba razón don Obdulio, el maestro del que he olvidado el rostro pero no su enseñanza, nosce te ipsum, repetía, y hoy vino a mi mente. En los pocos días que llevaba en Madrid había descubierto mi carácter cambiante, inestable, inseguro, tan diferente del que adorna a los triunfadores; tan desprovisto de las virtudes que, según el extraño, deben engalanar a los inversores bursátiles. Y, sin embargo, decidí seguir adelante. De pronto, todas mis preocupaciones se trocaron en entusiasmo.

Era san Marcos. De haber estado en Chozas del Rey, habría disfrutado de un magnífico día de campo allá en la laguna de Lucena saboreando un bollo de pan en forma de gallina con un huevo duro en su interior como sólo las abuelas saben preparar. Pero estaba a mil kilómetros y debía tomar una decisión.

En estas circunstancias, la primera idea que me asaltó fue la de dirigirme a la estación de Atocha y ofrecerme como mozo de cuerda como ya había hecho a mi llegada a la capital. Conocía los problemas a los que me enfrentaría. Los demás mozos no me aceptarían, me acosarían y me importunarían y no tendría a Luterio para defenderme. Pero la necesidad me acuciaba. La patrona me había conminado a pagarle o dejar la pensión en dos días y, haciendo de la necesidad virtud, aceleré el paso dispuesto a hacer frente a cualquiera que se interpusiese en mi camino. El Real Madrid había ganado la Liga y había finalizado la temporada venciendo 5-0 al CD Sabadell, según leí en los restos de un periódico que alguien había abandonado cerca de la plaza de Neptuno y yo pensé en el señor que los domingos por la tarde pregonaba La Goládea en Medina Elvira provocando las carcajadas de los paseantes. Tomé los restos del diario y lo abrí por la sección de anuncios por palabras.

Real Madrid
Real Madrid C.F. campeón de liga 1966/67. Fuente Flickr

Estaba reciente en mí la conversación que había oído entre dos huéspedes de la pensión:

—No hay mejor forma de conocer a la gente de una ciudad que leer la sección de pequeños anuncios de un periódico —dijo uno de los contertulios.

—Efectivamente —respondió el otro—, creo que lo más interesante de un diario viene al final.

—La ciudad es un ser vivo —retomó su discurso el primer huésped— y como tal, está dotada de cuerpo y de alma. El cuerpo lo podemos conocer paseando por sus calles, admirando sus edificios, sufriendo su bullicio; sin embargo, el alma, como cualquier alma, es invisible, como lo son las de sus moradores. Es única aunque en ella se integran las de sus habitantes pero, aunque intangible, podemos percibirla en los olores de la ciudad, en las relaciones entre sus ciudadanos y, sobre todo, en los pequeños anuncios de la prensa. Allí, en esa maraña de frases donde se violenta la ortografía, la concordancia y cualquiera de los accidentes gramaticales en pos de la economía, se entremezclan ambiciones, ilusiones, esperanzas y pillerías. Allí se esconden desesperados, ventajistas, timadores y usureros. Allí busca el avaro al necesitado, el lobo al cordero y el pecado al pecador. Allí el confidente envía mensajes y recibe consignas. Allí el amado se comunica con su amada, el devoto con su patrón y el egoísta consigo mismo. Agradecidos, atormentados, mentirosos y truhanes, todos encuentran su hueco. En definitiva, aunque silenciosos, estos mensajes gritan a los cuatro vientos el devenir ciudadano.

¡Cuánto me hubiese gustado poder adquirir aquella biblioteca que se ofrecía por 246 pesetas! ¡Cuánto me hubiese gustado regalar a mi madre uno de aquellos relojes que se anunciaban en la última página! Pero todo ello estaba fuera de mi alcance. Me llamó la atención aquel anuncio que rezaba: «¡¡EMIGRANTES!! Regreso a Suiza. Vacío vehículo Mercedes, interesan viajeros. Llamad 226 XX XX».

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Homenaje al emigrante. Tocón (Granada). Fuente: Wikimedia commons

 

A la migración campo/ciudad iniciada años antes sucedió la emigración a Europa. Los cierres empresariales en España y el déficit de mano de obra en los países de destino provocado por la carnicería de la Segunda guerra mundial empujaron a los más desfavorecidos fuera de nuestras fronteras.

El retorno de estos desheredados trajo consigo el ansia de libertad como habían hecho antes en África los soldados obligados a luchar en suelo europeo.

Eran numerosas las historias que corrían de boca en boca acerca de esos desalmados que engañaban a numerosos emigrantes o a sus familias haciéndoles creer que eran compañeros de sus parientes y que volvían tras unas vacaciones ofreciéndose a llevarles cualquier paquete que quisieren enviarles.

De todas formas, viajar a Suiza no entraba por ahora en mis planes, pero era una posibilidad que, de pronto, se acomodó en mi mente.

No tuve tiempo de pensar más en dicha eventualidad pues mis ojos cayeron sobre lo que parecía ser un grupo de estudiantes que se arremolinaba frente al palacio de la Bolsa y yo, siguiendo mi querencia natural cual toro bravo enfurecido, me acerqué a ellos.

—Aunque no es el motivo de nuestra visita —dijo el profesor—, he de advertirles que estamos ante una pieza más del museo neoclásico que conforma la arquitectura madrileña.

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Palacio de la Bolsa de Madrid. Fuente: Wikimedia commons

En ese momento constaté cómo algunos estudiantes esbozaban en sus cuadernos un dibujo rápido del palacio.

—Pero, centrándonos en el objeto de nuestro estudio —continuó el profesor—, han de saber ustedes que éste es el templo donde confluyen los principales agentes económicos que impulsan la riqueza nacional. Aquí entran en contacto empresarios y ahorradores; los primeros buscan financiación para sus empresas, los segundos rentabilidad para su liquidez. Y ello bajo la ley de la oferta y la demanda.

Por lo que pude observar, era yo el que más atención prestaba al profesor; no obstante mi interés, procuré mantenerme a cierta distancia para no llamar la atención.

—Si los compradores superan a los vendedores —añadió—, los precios subirán, mientras que, en el caso contrario, los precios bajarán.

En este momento, se oyó una carcajada por parte de algunos estudiantes que obligó al profesor a llamarles la atención aunque estoy seguro de que no sabía a qué se debía la actitud de sus alumnos pues, de saberlo, no tengo duda de que él mismo se hubiese reído.

Y yo, que, a falta de inteligencia, siempre he hecho gala de honestidad, no me resisto a relatar a mis lectores la razón de aquel incidente que no fue otra sino la ocurrencia de un estudiante que, en voz baja, apostilló:

—La Bolsa sube cuando hay más tontos que listos y baja cuando hay más listos que tontos.

Caduceo
Caduceo Bolsa de Madrid. Molinelli y Taverner. Fuente: Bolsa de Madrid

Pasado el vendaval provocado por la reprimenda del docente, el estudiante en cuestión, con aire de vencedor, miró ufano a sus condiscípulos buscando su aprobación, pues este tipo de adulación es el alimento del pedante.

Sin embargo, he de reconocer que también yo le aplaudí con la mirada, ya que, no pareciéndome su sentencia ni estúpida ni perversa, no la juzgué perniciosa para la formación de un estudiante. Soy consciente de que habrá quien considere mi actitud inapropiada, puesto que podría implicar la aceptación de la vulgaridad y, como única defensa, puedo aducir que desde que el mundo es mundo la vulgaridad impera en él. ¿No es vulgar la historia de Lot?, ¿no fue vulgar la vida de la de los tristes destinos? y ¿qué decir de Volterra, il Braghettone, acaso no actuó de forma vulgar al cubrir los desnudos de Miguel Ángel? Entonces, ¿por qué no he de serlo yo que no recibí más educación que la que se dignaron darme en un frío internado de Medina Elvira?

Pero dejemos de lado la reivindicación de la vulgaridad y volvamos a nuestra historia.

—Antes de entrar al palacio —el profesor retomó su explicación—, quisiera resaltar la importancia de una información rápida y objetiva de todo cuanto afecte al mercado para que cada participante pueda tomar la decisión que mejor responda a sus intereses pues, no en balde, la transparencia debe reinar en cualquier operación.

Y dicho esto, el grupo, tras su profesor, se acercó a la puerta de entrada. Yo, siguiendo un comportamiento del todo extraño en mí, intenté acceder al edificio confundido entre los estudiantes, pero un bedel llamó mi atención con un golpecito en el hombro:

—Perdone, señor —me dijo—, sólo puede entrar este grupo de estudiantes.

Y yo, bajando la cabeza, dije para mis adentros: aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Salvador Luque

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RECURSOS

— Leer las Fábulas de Esopo on line:

https://books.google.es/books?id=RVcvDgAAQBAJ&pg=PA304&lpg=PA304&dq=los+monos+bailarines&source=bl&ots=HfMpAVRQFs&sig=ujGW1MFZkYKN0xySllT0TEet_Zk&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjw3ebz-sHUAhWSfFAKHfw1DoI4ChDoAQg3MAI#v=onepage&q=los%20monos%20bailarines&f=false

http://edyd.com/Fabulas/Esopo/E1AguilaCuervoPastor.htm

— Escuchar la versión sonora de la fábula Los monos bailarines, de Esopo on line:

http://audiovisuales.uned.ac.cr/mediateca/audio/1955/f%C3%A1bula-%E2%80%9Clos-monos-bailarines%E2%80%9D

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