SELL IN MAY AND GO AWAY O DEMOSTRACIÓN MERIDIANA DE QUE CAZADOR DE EIDERS E INVERSOR SON DOS ACTIVIDADES PERFECTAMENTE COMPATIBLES

ROMANCE DEL PRISIONERO

Que por mayo era, por mayo,

cuando hace la calor,

cuando los trigos encañan

Juglaresy están los campos en flor,

cuando canta la calandria

y responde el ruiseñor,

cuando los enamorados

van a servir al amor;

sino yo, triste, cuitado,

que vivo en esta prisión;

que ni sé cuándo es de día

ni cuándo las noches son,

sino por una avecilla

que me cantaba al albor.

Matómela un ballestero;

déle Dios mal galardón.

Anónimo

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Habiendo pasado un par de días de nuestra arribada a Madrid y como todos los esfuerzos de Nicolás para encontrarnos trabajo resultaran infructuosos, no hubo más remedio que recurrir a lo que él llamaba «plan de emergencia».

Estación de Atocha

Éste no era otro que ir a la estación de Atocha y emplearnos a los más jóvenes como mozos de cordel bajo la supervisión de su amigo que se hacía llamar Luterio. Durante este tiempo, Nicolás desaparecía y sólo hacía acto de presencia a la hora de comer.

No resultaron fáciles estos días, pues los demás mozos nos acosaban constantemente y seguro estoy de que hubiésemos desertado los tres de no ser por Luterio que, contando con la ventaja de su aspecto hosco y salvaje, hizo frente a nuestros acosadores.

Mudanza de muebles

Diario Oficial de Avisos. Madrid (26/03/1857)

Sea como fuere, lo cierto es que al tercer día Nicolás vino con la nueva de que había encontrado trabajo como aprendices para los tres jóvenes en una colchonería.

Con grandes muestras de alegría por parte de todos, Nicolás nos llevó a la misma y nos presentó al dueño. Era un hombre corpulento, de vientre prominente cuya cabeza se asemejaba a un erizo pues, bastante corto y de punta, su pelo parecía un manojo de leznas y tengo la certeza de que si alguno de nosotros se hubiera atrevido a acariciárselo, se hubiese destrozado la mano. Sin embargo, parecía un hombre llano y accesible a sus empleados.

Anuncio colchonería

En una estancia, limpia y ordenada, la parte comercial; en ella se alineaban las distintas clases de colchones: de lana, borra, paja, hojas o farfolla. Esa sería la primera y última vez que yo pisaría tal exposición pues, como dijo el dueño, para trabajar en ella era necesaria una presencia que yo no tenía. Sin embargo, tuvo a bien mostrárnosla como una deferencia que yo agradecí con un movimiento de cabeza y una mueca evitando pronunciar palabra alguna tal como me había aconsejado Nicolás. Ya en la trastienda el ambiente era totalmente diferente, allí se amontonaba de una parte, la lana, de otra, hojas, paja etc., éste sería nuestro lugar de trabajo. Allí varearíamos la lana y repararíamos los colchones bien fuera cosiéndolos o rellenándolos del material correspondiente. Los sábados y domingos los dedicaríamos a recorrer los pueblos ofreciendo nuestros servicios como colchoneros.

Llamó mi atención una estancia independiente en la que se guardaban una especie de plumas y yo, haciendo caso omiso de las indicaciones de Nicolás que, como he dicho anteriormente, me había recomendado no abrir la boca, me atreví a preguntar qué era aquello y el colchonero, demostrando rotundamente ser un profundo conocedor de su oficio, me respondió que era plumón para la confección y reparación de cobertores y, dejándonos a todos boquiabiertos, nos leyó unos párrafos de un libro que tenía a mano:

   En verdad, que al ver a aquel hombre, nunca hubiera adivinado su profesión de cazador; es seguro que no debía espantar la caza; ¿pero cómo podía alcanzarla?

   Todo me lo expliqué cuando el señor Fridriksson me dijo que aquel tranquilo personaje no era más que un «cazador de eiders», ave cuyo plumaje constituye la principal riqueza de la isla. En efecto, este plumaje se llama edredón, y no es necesario un gran esfuerzo para recolectarlo.

  Viaje el centro de la Tierra En los primeros días de verano, la hembra del eider, especie de ánade muy hermosa, construye su nido entre las rocas de los fiordos de que se halla erizada toda la costa. Construido el nido, lo tapiza con las finas plumas que ella misma arranca de su vientre. Inmediatamente llega el cazador, o por mejor decir, el cosechero, coge el nido y la hembra vuelve a empezar su trabajo. Esto se repite mientras a la hembra le queda plumaje, y cuando se ha despojado totalmente de él, llega a su vez el macho. Pero como la pluma dura y grosera de este último no tiene ningún valor comercial, el cazador no se toma la molestia de robársela, y por consiguiente el nido se concluye. Entonces la hembra pone en él sus huevos, nacen los polluelos, y la cosecha del edredón se repite al año siguiente.

   Y como el eider no escoge los acantilados y rocas escarpadas para hacer su nido, sino las peñas fáciles y horizontales que se pierden en el mar, el cazador islandés puede ejercer su oficio sin demasiado esfuerzo. Es un agricultor que no tiene que sembrar ni segar sus mieses, sino únicamente recogerlas.

Viaje al centro de la Tierra (Julio Verne)

Terminada nuestra visita a la colchonería, y habiendo acordado que comenzaríamos nuestro aprendizaje al día siguiente, Nicolás nos recordó el compromiso de entregarle la mitad de los tres primeros sueldos y se dispuso a hacer las cuentas del dinero recaudado a lo largo de los tres días en la estación. Resultó que, tras apartar las cantidades necesarias para hacer frente a la manutención de los cinco, pensión y otras minucias entre las que conviene destacar, y lo digo con la única intención de que se pueda apreciar la preocupación que Nicolás demostraba por todos los miembros del grupo, la ducha que habíamos tomado cada uno de nosotros en la barbería que había en los bajos de la pensión, pues era de la opinión de que en la capital existía la costumbre de ducharse una vez por semana, tomó en primer lugar su parte y la de Luterio. Tras todo ello quedaron diecisiete monedas de a dos reales, que Nicolás se había preocupado de apartar, de las que la mitad debían ser para el Pernales por ser el que más había trabajado a juicio de Luterio, un tercio para el Guanche y la novena parte para mi que era el más endeble de los tres, reparto con el que estuve totalmente de acuerdo pues, de una parte, nunca fui un ñeque y, de otra, la obstinación y la frivolidad nunca fueron defectos que me impidieran aceptar el consejo de los prudentes.

Monedas de dos reales

Mi corto entender me decía que era imposible dar al Pernales la mitad de diecisiete monedas, ya que Nicolás nos había advertido de que las monedas se repartirían tal cual, y no entro ya en la parte que nos correspondía a los otros dos porque eso escapaba totalmente a mis entendederas.

Y mientras todos estábamos un poco atribulados, Nicolás reía advirtiéndonos de que no se haría el reparto hasta que encontrásemos la solución.

Yo, soñador como siempre fui, empecé a hacer cábalas con los dineros que recibiría en el reparto, a los que añadiría los que ganaría en la colchonería y pensé en multiplicarlos invirtiéndolos en la bolsa de valores, sin embargo, Nicolás, siempre sensato y siempre regalándonos buenos consejos, me preguntó:

—¿Sabes en qué mes estamos?

—En mayo —respondí.

—Pues, sell in May and go away.

Y con ello no hizo sino añadir una incógnita más a mi persona, pues no tengo conocimientos de inglés como tampoco los tengo de muchas otras materias.

Sell in lmaiAhora bien, cuando mi natural comenzó a dudar de que Nicolás mereciese toda la estima que le tenía puesto que en lugar de plantearme soluciones me planteaba problemas y aún manteniendo todo el respeto que me merecen no sólo los mayores sino todos los hombres, quiso el azar que días después se despertase en él la vena paternalista que en ocasiones emergía de su interior y en esa situación tuvo a bien explicarnos que la de cazador de eiders e inversor eran dos actividades perfectamente compatibles ya que la primera exigía la máxima dedicación en verano mientras la segunda la requería en invierno, que a ello se refería cuando dijo «sell in May and go away» pues de todos es bien sabido —nos dijo— que de santa Lucía a san José gana el bolsista su parné. Tras esto, me reconforté con la idea de estar cerca de una persona sabia y prudente como Nicolás cuya sencillez ocultaba su gran sabiduría. Y recordé a mi madre que mil veces me había repetido que quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.

Y aprendida esta lección, me fui a la cama sin saber cómo es posible repartir diecisiete monedas de la forma propuesta por Luterio.

 Salvador Luque

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