¿QUIÉN DECIDE LO QUE ES ARTE? O LA HISTORIA DEL BURRO LOLO Y OTRA HISTORIA EN LA QUE SE DEMUESTRA CÓMO UN MONO PUEDE BATIR A UN TRADER DE WALL STREET

EL BURRO FLAUTISTA 

Esta fabulilla,

salga bien o mal,

me ha ocurrido ahora

por casualidad.

 

Cerca de unos prados

que hay en mi lugar,

pasaba un borrico

por casualidad.

 

Una flauta en ellos

halló, que un zagal,

se dejó olvidada

por casualidad.

 

Acercóse a olerla

el dicho animal,

y dio un resoplido

por casualidad.

 

En la flauta el aire

se hubo de colar,

y sonó la flauta

por casualidad.

 

«¡Oh!», dijo el borrico,

«¡qué bien sé tocar!

¡y dirán que es mala

la música asnal!».

 

Sin reglas del arte,

borriquitos hay

que una vez aciertan

por casualidad. 

Tomás de Iriarte

__________________________________

Nueva York es la metrópoli, el mundo su hinterland. Nueva York es el Sol, Londres, París, Roma, Tokio, Berlín o Moscú, sus planetas. Madrid, Lisboa, Varsovia o Buenos Aires son satélites. El universo no es sino una infinita fractalidad. Desde las galaxias hasta cualquier grupo social, todo tiene la cualidad de fractal. Hay soles entre los hombres y cada uno de esos soles se rodea de un sistema planetario que gira a su alrededor. A su vez, esos planetas humanos tienen una serie de satélites. El tamaño de estos sistemas solares humanos depende del poder de su estrella. Vemos a presidentes rodeados de sus planetas. Vemos a ministros rodeados de sus satélites. La humanidad podría ser representada en un enorme sociograma. También podrían ser representados los países, las ciudades. Nueva York es el centro del mundo como antaño lo fue Jerusalén. «Así dice el Señor Dios: Esta es Jerusalén; yo la coloqué en el centro de las naciones y de los territorios a su alrededor» (Ez 5.5).

Nueva York nunca duerme. Era de madrugada pero era difícil caminar por Times Square. El taxista, hindú, siempre son hindúes los taxistas neoyorquinos, había sorteado todos los vehículos pero nosotros no lográbamos sortear a los peatones.

Me resultaba difícil comprender tanto ajetreo. Yo había venido a contemplar sus enormes rascacielos, el cuerpo, pero mis amigos habían venido a contemplar el alma. Envidio a la gente capaz de ver el alma de las cosas. Esta disparidad de objetivos podría llegar a desesperarme. ¿Por qué la naturaleza que nos ha hecho iguales físicamente nos ha hecho tan dispares espiritualmente?

Bronx zapatillasCuna del rap y del hip hop, la visita al Bronx parecía haberme humanizado. Los enormes murales, cada uno con su historia, me emocionaban. Las zapatillas pendiendo de los cables marcando territorios, me asustaban. El alma de las ciudades provoca emociones fuertes, especialmente cuando se trata del alma de la marginalidad.

Fuera del Bronx, la visita al MOMA era obligatoria según mis compañeros. Creo que, en realidad, esta visita era la única justificación de su viaje. Me resulta difícil explicar la perplejidad que experimenté cuando entré en aquel templo del arte. Un fulgor espiritual colmaba el ambiente.

—¿Quién decide lo que es arte?, pregunté.

Estaba ante una obra de Malevich, Cuadrado blanco sobre fondo blanco.

Blanco sobre blanco Malevich—Obra emblemática del suprematismo, la enorme fuerza simbólica del cuadrado unida al valor del blanco como expresión de lo ideal crean un concepto estético que invita al espectador a hacer una crítica al mundo. —Leyó uno de mis amigos en una guía que había comprado hacía meses para preparar esta visita.

—Sí, insistí, pero ¿quién decide lo que es arte?

Mi insistencia molestó a mis amigos pero, según creo, lo que más les molestó fue el no tener una respuesta a mi pregunta. Ello me hizo sentirme superior. Una vez más, la brutalidad se imponía a la sensibilidad.

—¿Me permite usted una observación?

—Por supuesto, le respondí.

Era un hombre próximo a nosotros y que había llamado mi atención por su extrema delgadez y su enorme barba.

—Llevo años haciéndome la misma pregunta y he llegado a la conclusión de que el arte ha entrado en una deriva difícil de prever. Comparto la idea de McLuhan de que el medio es el mensaje. Es decir, es el hecho de que esta obra que tenemos ante nosotros esté expuesta en un museo lo que la convierte en obra de arte. Es el hecho de que un vaso de agua esté expuesto en Arco lo que lo convierte en obra de arte y alguien esté dispuesto a pagar 20 000 euros por él. Por tanto, si dos objetos iguales están uno aquí y otro en su casa, éste sería una obra de arte y el otro no.

—Visto así, le dije, un museo no es más que un distorsionador de la realidad.

—Efectivamente, me respondió. Y me entregó un folleto para que lo leyese cuando dispusiese de unos minutos.

Profesor de la Kirchberg University, según nos dijo, la amabilidad y la cortesía de aquel hombre nos ganó hasta el punto de que decidimos invitarle a que se sumara a nuestro grupo, lo cual fue una de las mejores ideas que tuvimos durante el viaje. De entre las miles de personas con las que nos cruzamos por Manhattan no podríamos haber elegido mejor compañero. Y, tras pasar el resto del día juntos, nos despedimos hasta el día siguiente.

Ya en el hotel, mis amigos decidieron tomar una copa antes de subir a las habitaciones, y fue el momento en que aproveché para leer el folleto que me había dado nuestro amigo el profesor.

En él se contaba la historia truculenta de un cuadro:

Boronali_ImpressionCorría el año de gracia de 1910 cuando se expuso en París, en el Salón de los independientes, la obra de un tal Joachim-Raphaël Boronali «Coucher de soleil sur l’Adriatique». Su referencia a otra obra, «Impression, soleil levant», de Monet, era evidente.

El éxito de la crítica fue grande, pero el estupor llegó cuando el diario Le Matin desveló la identidad del verdadero autor. Se trataba del burro Lolo a cuya cola habían atado unos pinceles. Incluso el nombre, Boronali, lo habían formado a partir de un arcaísmo, aliborón, asno.

Por un asno robado dos ladrones se batían…

Llega un tercer ladrón

Que cogió al señor Aliborón

(La Fontaine, Fables, I, 13.)

Así de fácilmente pueden ser engañados los expertos. Así de fácilmente puede ser distorsionada una obra porque el autor es dueño de su obra hasta que la da a conocer, una vez que ha salido a la luz, pasa a ser propiedad colectiva y, por ende, interpretada por el público en general y por los críticos en particular que, de esta forma, la completan y la llevan por derroteros tal vez inimaginados por el autor.

¡Cuánta distorsión a lo largo de la historia! ¡Cuánta manipulación! ¿Quién decidió la desaparición de Lilith? ¿Quién decidió la aparición de Eva?

Al día siguiente, la Gran manzana amaneció cubierta por una intensa neblina y bajo una molesta llovizna. Acudimos a Wall Street y allí estaba el profesor.

—Desde esta calle de la Nueva Ámsterdan se dirige el mundo —nos dijo. Este es el epicentro en el que confluyen los tentáculos de los hombres más poderosos del planeta. Aquí trabajan hasta ochenta horas semanales algunos de los cerebros más brillantes de la especie humana pero, ironías de la vida, también estas mentes privilegiadas pueden ser superadas por un mono.

Y acto seguido nos relató una historia que intentaré transcribir lo más fielmente que me sea posible:

Wall StreetEra el año 1973 —dijo— cuando apareció el libro Un paseo aleatorio por Wall Street cuyo autor, Burton Gordon Malkiel, lanzó un reto sorprendente a los expertos bursátiles. Malkiel sostenía que un mono podría crear una cartera de inversión que batiese a los profesionales simplemente lanzando dardos sobre la hoja del The Wall Street Journal donde figuraban las cotizaciones bursátiles.

Recogido el guante por algunos analistas bursátiles, se procedió a la confección de las carteras. Según me pareció oír de labios del profesor, no se recurrió al mono para crear la cartera aleatoria, sin embargo, sí parece cierto que esta cartera aleatoria batió al 85 % de las carteras creadas por los analistas.

—¡Ay, pensé, cuántos expertos rigen nuestras vidas!

Ahora bien, aunque me gustaría terminar aquí mi narración, he de añadir, fiel a mi sentido de la justicia y huyendo de sensacionalismos, que, según cuentan, todos los analistas batieron al mono en el largo plazo, es decir, al cabo de los catorce años que duró dicho experimento.

COROLARIO:

No confíe en las recomendaciones de los expertos, haga sus propios análisis y gestione su propia cartera pues, como dice el refrán, el ojo del amo engorda al caballo.

Salvador Luque

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19 comentarios en “¿QUIÉN DECIDE LO QUE ES ARTE? O LA HISTORIA DEL BURRO LOLO Y OTRA HISTORIA EN LA QUE SE DEMUESTRA CÓMO UN MONO PUEDE BATIR A UN TRADER DE WALL STREET

  1. A mi modo de ver, ahora no hay patrones artísticos que indiquen quien es el que vale y quien no, a deferencia de épocas pasadas en que eso estaba muy bien delimitado, todo esto, complica sobremanera . En el fondo, a los grandes los ha escogido la sociedad del momento, lo que conlleva tener criterios de valoración artística a través de la comparación del que sirve ( siempre fueron unos pocos) y de los que no. Como ahora todo vale, NADA VALE, es un totum revolutum en el que se mezcla lo bueno con lo malo inducido por el Dinero, aunque en el fondo todos sabemos cual es el de verdad, el problema es que el mundo del mercadeo ha entrado en esto y así nos va, en cuanto el DINERO, MARKETING, (Damien Hirst valga de ejemplo) como queramos llamarlo, mete la mano en algo………………………apaga y vámonos. Saludos

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    1. Hola Josep Gil:
      En realidad, todas las actividades humanas atraviesan crisis periódicas que amenazan con destruirlas definitivamente. En el caso del arte, cada crisis marca el fin de un estilo y el nacimiento de otro. Sin embargo, ni el ready made de Duchamp ni el junk art lo consiguieron. Tampoco ahora desaparecerá el arte.
      Un saludo y gracias por participar en el debate.

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  2. Hola Salvador, confieso que me repito mas que el ajo… pero siempre digo lo mismo.

    Los expertos que dan consejos son en su mayoría auténticos mercenarios al servicio de los de siempre…

    Un mono no los gana porque es mas inteligente que ellos, los gana por la total falta de intereses, que es lo que sobra en nuestra sociedad actual. INTERESES ¡¡¡

    Un saludo ¡

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    1. Gracias, OscarGold, por tus comentarios siempre tan acertados.
      En el colectivo de analistas bursátiles, como en cualquier otro colectivo, hay de todo, como en la viña del señor. Sin embargo, creo que no hay mejor analista que uno mismo para administrar su propia cartera, a condición, claro está, de que invierta una buena parte de su tiempo en el estudio.
      Un saludo.

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    1. Gracias, Hilda Sierra, por participar en el debate.
      Efectivamente, como se suele decir, el refranero es sabio.
      Hay otros refranes con significados equivalentes. He aquí algunos:
      —Más labra el dueño mirando que dos yuntas labrando.
      —No hay mejor perro que sombra de mesonero.
      —Quien tiene tienda, que la atienda.
      Un saludo.

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  3. El arte vende no solo en el contacto visual, expresivo o abstracto, muchos opinariamos tal vez que es por una cuestión paradigmática que se dice que es y que no es lo que busca ese mismo mercado y exige una valoración social que se retroalimenta a si misma por el mismo flujo de demanda

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    1. Muchas gracias, Manuel Valdés, por participar en el debate.
      Estoy de acuerdo con usted, si bien conviene apuntar que, en ocasiones, es la técnica la que marca los caminos que debe seguir el arte. Es el caso, por ejemplo, del nacimiento del impresionismo que, en mi opinión, estuvo condicionado por nuevos descubrimientos en el campo de la óptica y, especialmente, por el nacimiento de la fotografía y que tuvo repercusiones en otros campos del arte como la música donde las composiciones de Debussy pueden ser el mejor ejemplo.

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