DEFENSA DE LOS ESPECULADORES QUE INCLUYE EL CUENTO DEL PRISIONERO, QUE VIENE MUY AL PELO

Íbamos paseando por una zona de callecitas sinuosas a cual más estrecha, a cual más hermosa por el barrio que llaman de la Judería por haber estado habitado antaño por gente de esa condición, una muestra más de cómo un mismo dios puede separar tanto a los hombres, cuando nos cruzamos con un grupo que, por su aspecto, creímos que eran forasteros. No era propio de ninguno de nosotros el ser imprudente ni interesado en escuchar conversaciones ajenas, pero no pudimos evitar oír lo que hablaban ya que lo hacían en un tono bastante elevado por lo que dedujimos que debía tratarse de gente de Andalucía lo cual confirmaron algunos de mis acompañantes que identificaron el dialecto propio de esa tierra por su característico ceceo.

No es mi intención relatar todo cuanto oímos, no sólo por mi alto sentido de la prudencia sino porque no es importante para mi historia; pero no creo cometer ninguna indiscreción, lo cual sería impropio de mí, si digo que hablaban de los judíos tratándolos de especuladores.

Tentado como estuve de volverme hacia ellos para recriminarles tal calificativo, di gracias a mis acompañantes de que me contuvieran evitando así un altercado que en nada hubiese contribuido a mi buena reputación.

Ya más calmado, recapacité y me alegré de veras, y así se lo hice saber a mis camaradas, ya que un especulador es una figura fundamental para el buen funcionamiento de cualquier mercado.

Como toda obra humana, el mercado es imperfecto. La imperfección es inherente al hombre pues Dios no lo hizo ni ángel ni demonio que son las dos creaciones divinas más próximas a la excelencia. Cualquier especulador no tiene más que observar los cambiantes precios de las cosas para llegar a la conclusión de que cuando es la oferta la que predomina, los precios bajan y cuando la que impera es la demanda, los precios suben. Con esta premisa en la mente, el especulador compra cuando los precios bajan con la esperanza de que vuelvan a subir, pues he de decirles, amigos míos, que lo que realmente compra son expectativas, de esta manera estará contribuyendo a detener dicha bajada de precios y se posicionará en el bando del productor aunque él no produce nada; si, llegado el momento, vende a un precio mayor, contribuirá, igualmente, a detener la subida de precios y se habrá colocado en el bando de los compradores contribuyendo a que los precios sean más estables al disminuir las oscilaciones.

Y llegado este momento, dije a mis colegas, quisiera relatarles una historia que tengo por verdadera no sólo por la sensatez que toda ella destila sino también por los labios de los que la oí.

En un campo de prisioneros de la II Guerra Mundial la Cruz Roja repartía en ocasiones algunos paquetes conteniendo, entre otros artículos, carne enlatada, conservas, margarina, cigarrillos, azúcar, queso, leche en polvo o chocolate. Imagínense ustedes la alegría de aquellos pobres hombres al recibir ese maná viviendo en las condiciones en que ellos lo hacían. Hombres a los que se había adiestrado para responder con un escueto «es tut mir leid» a cualquier pregunta que viniese de un oficial alemán. Por unas horas todo el campo estaba de fiesta, los prisioneros cantaban y bailaban embriagados de una falsa felicidad. ¡Cuán fácil es contentar a quien nada tiene! Después corrían a sus barracones con su valioso tesoro. Sin embargo, alguien echó de menos a John y comenzaron a preguntarse dónde estaría.

Horas más tarde, John apareció con dos paquetes de la Cruz Roja. Como este hecho se repitiera varias veces, sus compañeros de barracón comenzaron a conjeturar sobre el asunto y aparecieron las primeras teorías que afirmaban que John era un confidente de los alemanes a los que tenía al corriente de cuanto trataban los prisioneros y, como pago a sus servicios, le entregaban doble ración de provisiones.

Ante esta situación, y viendo su integridad física en peligro, John confesó su estrategia a los demás prisioneros.

Había observado los hábitos de los otros detenidos y trató de sacar ventaja de sus observaciones.

Sabía que en otros barracones había fumadores empedernidos dispuestos a adquirir sus cigarrillos a cambio del chocolate y el queso; igualmente, otros eran extremadamente golosos y no tenían reparos en solicitarle el chocolate a cambio de los cigarrillos y las conservas. Provisto nuevamente de cigarrillos, John volvía a visitar a los fumadores a los que entregaba tabaco a cambio de azúcar y carne y así hasta proveer a cada prisionero de los artículos deseados obteniendo un beneficio en recompensa.

¿Cree alguno de ustedes que la acción de John era reprobable? Más bien al contrario, John desempeñaba un papel esencial en el campo contribuyendo a mitigar aunque fuese mínimamente la desgracia de aquellos hombres.

Bien, amigos míos, pues un papel semejante al de John juegan los especuladores en cualquier mercado, incluyendo el de valores, contribuyendo al mejor funcionamiento del mismo.

—O sea, oí decir a uno de los escuchantes, la existencia de especuladores es conditio sine qua non para que el mundo funcione.

—Al menos es una de ellas, respondí, pero hay otra: los ladrones. El día que éstos se vuelvan honrados nuestro mundo se irá al garete.

                Salvador Luque

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10 comentarios en “DEFENSA DE LOS ESPECULADORES QUE INCLUYE EL CUENTO DEL PRISIONERO, QUE VIENE MUY AL PELO

    1. Muchas gracias Rebeca. Creo que no es para tanto. De todas formas, procuraré esmerarme para que me sigas leyendo.
      Lo que intento es analizar la bolsa de valores de una forma lúdica y diferente, divertida y amena, pero sin frivolizar y tratando con rigor los principios básicos que la rigen.

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  1. Excelente exposición. Muy accesible de entender incluso para personas legas en economía con la comparación de los prisioneros. Enhorabuena por tan fantástico blog, lo recomiendo a toda persona que se anime a iniciarse en el mundo de las finanzas. Feliz Año.

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  2. Enhorabuena y gracias, es muy gratificante y estimulante leerte. En cuanto a los señores especuladores, coincido contigo pero me gustaría hacer una pequeña observación lógica. Lo mismo que la especulación es motor y estímulo del mercado como compañera de la inversión, que personalmente prefiero, creo que puede ser también su verdugo. Como todo en la vida el quid del asunto está en la cantidad y calidad. Llegado el momento los especuladores podrían estar comprando y vendiendo tulipanes invisibles, que pese a ser imaginariamente muy bonitos, francamente sirven para muy poco.
    Un afectuoso saludo.

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    1. Gracias J.L. Pais por tu comentario.
      Efectivamente, todo debe tener su justa medida pues, como dice el refrán, lo poco agrada y lo mucho enfada.
      Sin embargo, en ocasiones, el hombre comete excesos que lo pueden llevar al abismo como el que dejas entrever en la segunda parte de tu comentario cuando te refieres a los tulipanes.
      Y recuerdo que una vez, participando en un chat con Jorge Valdano organizado por El País le planteé una pregunta en la que intentaba relacionar la especulación de los tulipanes en los Países Bajos en el S. XVII con las cifras astronómicas que se mueven en el fútbol y él, que por aquel entonces era director general del Real Madrid, muy amablemente, me respondió que había que tener esperanza porque los tulipanes siempre florecen en primavera.
      Un saludo.

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