PÍLDORAS BURSÁTILES (6)

PB-9

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EL RALLY DE FIN DE AÑO O POR QUÉ EL PRINCIPITO ES UN GRAN LIBRO DE ECONOMÍA

La bolsa explicada por un torpe

—¿Qué es un rito? —preguntó el principito.
—Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día sea diferente a los otros días y que una hora sea distinta a las demás. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito, los jueves bailan con las chicas del pueblo. Por ello, los jueves son días maravillosos y voy a pasear hasta la viña. Si los cazadores no bailaran un día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.
El principito (Antoine de Saint-Exupéry)

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Aunque mi estancia en la ciudad condal estaba siendo bastante placentera y muy por encima de lo que yo había esperado ya que encontré alojamiento en casa de un tal Bernardino al que había conocido años atrás en Granada, y teniendo asegurado el sustento durante unos días más gracias a que sobrevivíamos vendiendo unas botellas de vidrio especialmente diseñadas…

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EL VIAJERO DEL TIEMPO (IV): AQUEL QUE RECUERDE LA HISTORIA MERECE QUE LE ARRANQUEN UN OJO, PERO AQUEL QUE LA OLVIDE MERECE QUE LE ARRANQUEN LOS DOS

 

Joaquim-Maria-Bartrina-1850-1880
Fuente: Wikimedia Commons

Oyendo hablar a un hombre, fácil es  

acertar dónde vio la luz del sol:  

si os alaba a Inglaterra, será inglés;  

si os habla mal de Prusia, es un francés;  

y si habla mal de España, es español.

 Joaquín María Bartrina

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Fuente: Hemeroteca ABC

La soledad va minando mi ánimo a pesar de que he pasado dos días inolvidables. Mi economía ha mejorado ostensiblemente pero debo ser prudente y no malgastar lo que me paga el farmacéutico al que estoy enormemente agradecido por haberme acogido entre sus empleados. En su magnanimidad hacia mí, se dignó regalarme una entrada para asistir a la Demostración Sindical que se celebró en el estadio Santiago Bernabéu. Bajo la presidencia del Caudillo, fuimos miles los espectadores que pudimos gozar de la exhibición.

 

Al salir del recinto sentí una sensación agridulce pues al asombro que me había producido el espectáculo que acababa de ver, se unía ahora otra escena inesperada para mí. Por las calles próximas pude observar cómo se producían pequeños enfrentamientos entre la policía y algunos alborotadores que, sin duda, eran los que el extraño había calificado de luchadores por la libertad.

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Fuente: Hemeroteca ABC

Sentimientos contrapuestos inundaron mi mente. ¿Qué recompensa esperan obtener estos alborotadores que se exponen a perder su libertad?

 

—La libertad ya la han perdido —me había dicho el extraño—, ahora sólo pretenden conservar la dignidad.

Si luchan por conservar su dignidad —pensé— pueden vencer. Tal vez tenga razón el extraño.

No sé si estas reflexiones son dignas de figurar en este lugar pero he optado por reflejarlas aquí porque, aunque muchos las juzguen superfluas y flores de cantueso, están alojadas en mi mente aún hoy, varios días después de haberlas vivido.

Antes, el domingo, fui a dar un paseo al Retiro. Solitario como siempre iba, mantenía la esperanza de encontrar en algún lugar a las únicas personas con las que me hubiera sentido a gusto: Nicolás, que hubiese podido darme sabios consejos; Luterio, el hombre de aspecto tosco y alma de niño, o el Guanche y el Pernales con los que podría pasar los días de asueto.

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Fuente: Hemeroteca ABC

A veces aceleraba el paso en la creencia de que así los encontraría antes, otras veces, cuando encontraba algún lugar elevado, subía a su cima para mejor divisar a la multitud y poder, al fin, encontrarlos. Aunque nunca fui especialmente sociable, esta soledad me agota. Esta mañana, al salir de la fonda, vi un poco de luz a mi abatimiento cuando un joven se me acercó; sin embargo, su única intención era pedirme un cigarrillo. ¡Un cigarrillo a mí, que no puedo permitirme esos lujos! Y el desaliento volvió a invadirme.

De pronto mi corazón se aceleró. En un semáforo vi al extraño con el que hablé en la iglesia.

Si alguno de mis lectores se ha sentido alguna vez solo, podrá comprender mi alegría. ¡Qué fácil es complacer a un corazón solitario! ¡Qué agradecida el alma que encuentra compañía!

No sabía cómo actuar. Quería que me viera pero no me atrevía a hablarle. Así, haciéndome el despistado empecé a moverme a su alrededor y mi torpe manera de llamar su atención dio sus frutos. Tras saludarnos, me invitó a un café y unas porras. Llevaba días planeando desayunar porras pero no terminaba de decidirme a hacer aquel dispendio hasta que mi economía mejorase algo más.

Franco y Hitler en Hendaya
23/10/1940: Entrevista entre Hitler y Franco. La foto original se retocó para que Franco apareciese con los ojos abiertos.
Fuente: http://www.abc.es/cultura/arte/20140320/abci-mejores-fotomontajes-historia-201403192017_1.html

 

Decididamente, creo que el extraño es un hombre muy culto. Me habló de temas que yo ignoro totalmente y que no estoy seguro de haber entendido bien. ¿Por qué tiene que cambiar la situación política en España? ¿Acaso no tenemos un caudillo que nos ha salvado del caos?

—No soy tan idiota como para negar que España es un gran país pero es necesario un cambio político y no dudo que este cambio llegará pronto —afirmó.

Stalin-2
En la foto retocada desaparece Nikolai Yezhov, borrado de la foto tras ser ejecutado por orden de Stalin.
Fuente: http://art-sheep.com/11-famous-photos-from-history-that-were-actually-photoshopped-2-2/

 

Me pareció impropio de él que hablase así de España y de sus dirigentes, personas honradas, prudentes y sabias, y, aunque convencido de no estar a su altura y que mi torpeza me impediría, tal vez, explicarme como yo hubiera deseado, tuve el arrojo necesario para decirle que estábamos entre los primeros de Europa y que nuestro progreso quedó reflejado en la celebración de los veinticinco años de paz que había tenido lugar tres años antes, ¿qué si no podía hacer ante un agravio tal? Él, por su parte, aunque estoy seguro de que había mejorado la opinión que tenía de mi persona, no dudó en responderme.

—Chico, debes saber que los dirigentes manipulan la información a su conveniencia para perpetuarse en el poder.

Lincoln
Foto del presidente Abraham Lincoln retocada en 1860. La cabeza corresponde al presidente pero el cuerpo es del político John Calhoun.
Fuente: http://www.abc.es/cultura/arte/20140320/abci-mejores-fotomontajes-historia-201403192017_1.html 

 

Y saliendo por los cerros de Úbeda, como suele decirse, me preguntó:

—¿Qué acontecimiento deportivo tuvo lugar en España en 1964, el año de los 25 años de Paz?

Y yo, que soy un amante del fútbol, respondí:

—España se proclamó campeona de Europa de fútbol al derrotar a la URSS por dos goles a uno.

—¿Y sabes cómo fue el gol de la victoria?

—Sí, lo sé. Lo marcó Marcelino a pase de Amancio.

—Pues permíteme que te corrija —me dijo. El gol lo marcó Marcelino a pase de Pereda.

Ante mi cara de estupor, continuó.

—El NO-DO no pudo grabar la jugada completa y la manipuló introduciendo una jugada similar de Amancio haciendo creer a toda España que fue el jugador del Real Madrid el autor del pase.

Yo, aunque no muy convencido, bajé la cabeza en señal de reconocimiento de mi ignorancia con la única intención de no incomodarlo, pero estoy convencido de que está en un enorme error ya que he visto la jugada repetida una y otra vez. Así, no queriendo continuar con el tema para no violentarlo, le conté cómo había encontrado trabajo en una farmacia no lejos de donde nos encontrábamos.

 

El Primer ministro canadiense William Lyon Mackenzie elimina de la foto al rey Jorge VI de Reino Unido. Fuente: http://www.cs.dartmouth.edu/farid/downloads/research/digitaltampering/kinggeorge.jpg

 

—En ese caso —me dijo—, anulamos la cita que teníamos concertada para dentro de unos días y ya iré a hacerte una visita.

—De todas formas —añadió—, procura ahorrar cuanto puedas porque pronto Telefónica pondrá en marcha una OPV y mi consejo es que compres las acciones que puedas.

—¿Qué es una OPV —le pregunté?

—Son las iniciales de Oferta Pública de Venta de acciones —me respondió. Se trata un pequeño paso para extender el capitalismo al pueblo, un granito de arena más hacia la modernización de España.

—Tengo entendido —le dije— que las acciones también rentan un interés. ¿No es cierto?

—En realidad —me contestó—, no deberías llamarlo interés sino dividendo. Es habitual entre muchas sociedades el repartir anualmente, entre los poseedores de sus acciones, los beneficios obtenidos y es a ese beneficio al que debemos llamar dividendo y no interés.

Y como vio que había comprendido sus explicaciones, quiso ir un paso más allá.

—Sin embargo, el día que se abona el dividendo, éste se descuenta del precio de sus acciones.

John Kerry y Jane Fonda
John Kerry aparece junto a Jane Fonda. En realidad, es una composición obtenida a partir de dos fotografías tomadas en lugares y momentos distintos. Fuente: http://www.cs.dartmouth.edu/farid/downloads/research/digtitaltampering/kerryfonda1+2+3.jpg

Yo asentí con la cabeza pero él sabía que no había comprendido esto último y, como compadeciéndose de mis cortas entendederas, me puso un ejemplo:

 

—Piensa —dijo— en una acción que valga cien pesetas. Si paga dos pesetas de dividendo, el día del pago pasará a valer noventa y ocho pesetas.

Y yo, la cara iluminada como nunca antes la tuve, exclamé:

—Sería más o menos como si alguien se lleva una rueda de mi bicicleta y a continuación me da cien pesetas para que compre otra.

Y, entre risas, exclamó:

—¡Eh, esa sí que ha sido una reflexión inteligente!

Y yo me sentí halagado y contento por haber obsequiado al extraño con un pensamiento que él mismo había juzgado interesante, pues no es demasiado dar un muslo a quien te ha regalado el pollo.

Y terminados nuestros cafés y nuestras porras, nos despedimos. Pero antes de separarnos me entregó un sobre que contenía varios folios y una sopa de letras.

—Léelo cuando tengas tiempo —me dijo— e intenta resolver la sopa de letras.

—Así lo haré —le respondí.

Y continué mi camino hacia el Retiro.

Salvador Luque

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RECURSOS:

— Ver el gol de Marcelino con las explicaciones de Antonio García Valcarce, montador de NO-DO y autor del trucaje: https://www.youtube.com/watch?v=-Ja5xFcGEUs

— Reconstrucción de la retransmisión del gol de Marcelino en TVE: https://www.youtube.com/watch?v=z6oKOQkgDRY

— Anuncios de la OPV de Telefónica en 1967 y otros anuncios de las Matildes en los años siguientes:

Las Matildes I: https://www.youtube.com/watch?v=fJXYA375F7k

Las Matildes II: https://www.youtube.com/watch?v=8qWZx0a3PyI

Las Matildes III: https://www.youtube.com/watch?v=jMMlQBG-t1s

Las Matildes IV: https://www.youtube.com/watch?v=ioelOFp-wyI

Las Matildes V: https://www.youtube.com/watch?v=lfPa-wVjgjY

EL VIAJERO DEL TIEMPO (III): DE CÓMO ME CONVERTÍ EN APRENDIZ DE MANCEBO DONDE SE INCLUYE LA LISTA DE ÉXITOS DE 1967 PARA DELEITE DE LOS LECTORES

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La balsa de la Medusa. T. Géricault (1791-1824). Museo del Louvre. Fuente: Wikimedia commons

El que no sepa rezar,

que vaya por esos mares,

y verá qué pronto aprende

sin enseñárselo nadie.

Anónimo

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Vuelto a la realidad, proseguí mi camino hacia la estación ojeando mi periódico. Dos anuncios donde se solicitaban aprendices, para cafetería en uno y para peluquería en otro, hicieron que mi corazón empezara a latir con tal fuerza que temí que se me saliera. En estas estaba cuando, al pasar por delante de una farmacia, un cartel atrajo mi atención, «SE NECESITA APRENDIZ», rezaba, y yo, entre aturdido y asustado, entré a informarme.

No le pareció mal mi presencia al mancebo por lo que decidió llamar al boticario.

Durante la corta espera, mis ojos se fijaron en una especie de pergamino que, a pesar de estar deteriorado e incompleto, estaba situado en un lugar preferente presidiendo la farmacia. El mancebo aún tuvo tiempo de explicarme que era el contrato de aprendiz de mancebo de un antepasado del boticario. Eran tiempos —apostilló— en que algunos pilluelos se servían de estas artimañas para evitar servir al rey y, conseguido su propósito, desistían del empleo. Cuando apareció el farmacéutico, me encontré un hombre alto, enjuto, barbudo y con unas gafas enormes. Su porte justificaba mi creencia de que los jefes eran más altos que los empleados; los obispos más que los curas, y los oficiales, más que los soldados.

Contrato de aprendiz

Su presencia me intimidaba pero supe sobreponerme al pensar que, a fin de cuentas, aquel hombre no tenía más méritos que yo sino que era heredero de la valía de un antepasado que había vivido trescientos años antes. A él pertenecía el espíritu que impregnaba el ambiente.

—¿Cómo te llamas? —me preguntó.

Y yo, utilizando mi mano derecha como visera para defenderme del sol que entraba por la ventana, respondí:

—La gente me llama Lico.

—¿Sabes leer?

—Sí.

—¿Y las cuatro reglas?

—También.

—¿Conoces Madrid?

—Un poco.

—Bueno —dijo el boticario mirando al mancebo—, al menos parece poco hablador. ¿Qué piensas?

—No me parece mal, señor —respondió el mancebo.

—Pues explícale las condiciones y que empiece hoy mismo.

Y ya a solas con el mancebo, éste añadió:

—Tu trabajo consistirá en hacer cada día la limpieza de la farmacia, de la consulta de un practicante que hay dos manzanas más adelante y de la vivienda del señor boticario. Además —añadió—, deberás hacer los recados que se te encarguen. Tu jornada laboral se extenderá desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche y dispondrás de dos horas para comer.

—Yo creía que aprendería el oficio de mancebo —repuse.

—Todo a su debido tiempo. La obra irá pidiendo el material —fue su respuesta. Sin embargo —continuó—, ocasionalmente, deberás acompañar a un hierbero a buscar plantas medicinales al campo, así podrás comenzar a aprender el oficio.

Mientras el mancebo hablaba, yo me veía acompañando a mi abuelo recogiendo semillas de alholva, acedera y achicoria para corregir mi extrema delgadez cuando era niño; amapolas para el insomnio; arraclán para curar el estreñimiento de las embarazadas, y curalotodo, aquella planta de hojas gruesas que utilizaban para sanar los granos. Era una visión que se mantenía con nitidez en mi memoria a pesar del tiempo transcurrido.

Y así fue como encontré trabajo tras haber sido despedido de la colchonería.

Después, dándome una escoba, el mancebo me ordenó que comenzase a barrer la rebotica.

Tenía bien presente el consejo que nos dio Nicolás a mis compañeros y a mi cuando nos encontró el primer trabajo:

—Si veis dinero tirado en el suelo, no lo cojáis porque podría ser una trampa para probar vuestra honradez. Decídselo al jefe cuanto antes.

Terminada la limpieza de la rebotica, comencé a barrer la farmacia propiamente dicha después de que el mancebo me hubiese advertido de que me retirara cada vez que entrase un comprador.

No tardé en darme cuenta de que el mancebo se ganaba fácilmente la simpatía de los clientes por su trato afable aprendido a base de leer no en libros, sino en personas, y por su forma llana de hablar que siempre remataba, a manera de despedida, con el mismo chiste:

—¿Sabe usted en qué se parecen un elefante, un perro y la familia?

—No —respondían inexorablemente los clientes.

—Pues se parecen en que tanto el elefante como el perro tienen rabo.

—¿Y la familia? —preguntaban curiosos los compradores.

—La mía bien, gracias —respondía el dependiente— ¿y la suya?

Y un estallido de carcajadas señalaba la despedida del cliente.

A todo esto aún no sabía cuál sería mi salario pero, armándome de valor, me atreví a preguntárselo a mi jefe inmediato que no era otro que el mancebo.

—Se te pagarán veinte pesetas por cada día de trabajo. De ellas, recibirás diez al terminar la jornada y el resto lo recibirás el sábado.

No me pareció mal la soldada teniendo en cuenta que en mi pueblo los hombres cobraban cinco duros los días que tenían la suerte de que un manijero les pisase el pie cuando, reunidos en la plaza, cada mañana esperaban ser contratados.

El reloj marcó las dos y el mancebo me despidió hasta las cuatro advirtiéndome que debía ser puntual.

Después de pocas horas en mi nuevo trabajo, había llegado a la conclusión de que debía ser temeroso de mis dos jefes pero con una pequeña diferencia: del mancebo, en viéndolo, y del boticario, en oyéndolo.

Al salir de la farmacia, lo primero que hice fue buscar una iglesia para dar gracias a Dios por el trabajo que había encontrado. Tomé una Biblia que había en un confesonario, la abrí al azar y leí:

Parábola de los talentos

Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes.

A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.

Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos.

Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos.

Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.

Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos.

Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos.

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Parábola de los talentos. Grabado de 1712 de autor desconocido. Fuente: Wikipedia

Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos.

Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.

Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí.

Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses.

Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.

Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Mateo 25:14-30 (Versión Reina-Valera 1960)

Yo siempre me había sentido identificado con el tercer siervo porque la prudencia es mi guía. Para mí, el señor no era sino un tirano cruel. Sin embargo, ahora, aspirante a especulador, me sentía afortunado al descartar el peligro de arder en los infiernos al constatar que hasta los justos pueden ser acaparadores.

A fin de cuentas, pensé, es el egoísmo de cada individuo lo que hace avanzar el mundo. Es el interés de cada hombre que, buscando su propio bienestar, se preocupa de proveer a las necesidades del prójimo y así, la avaricia, el orgullo, la soberbia, la envidia o la vanidad son los motores del progreso humano. De esta forma, el hombre mediocre se convierte en impulsor de la historia. Digo todo esto sin ánimo de herir la susceptibilidad de mis lectores entre los que podrían encontrarse algunos que no compartan mi opinión. Pero diré aún más: estaría incluso dispuesto a retractarme de todo si alguien me señala mi yerro, pues, ignorante como soy, tengo las mismas posibilidades de encontrarme o en la verdad o en el error. Y todo ello sin esperar reconocimiento alguno pues de mi natural soy mas propenso al reconocimiento de las virtudes ajenas que a su descrédito.

I'm a believer
Fuente: Flickr

Al salir de la iglesia, aún tuve tiempo de ir a la estación y tomar un bocadillo. En la gramola del bar sonaban los últimos éxitos. Me resultó muy agradable volver a escuchar Puppet on a string, I’m a believer o Something stupid. Hubiese sido perfecto si algún cliente hubiese elegido el Black is black o Lola pero no tuve esa suerte y mi economía no me permitía gastar dos pesetas para oírlas.

En la estación pude comprobar que, aunque pocos, había algunos trenes que llegaban después de las diez de la noche. Eso fue una gran noticia para mí que, llegado el caso, explicaré a mis lectores pero que ahora prefiero omitir por prudencia, pues no juzgo necesario exponer más de lo imprescindible para la justa comprensión de la historia.

Gramola Pinterest
Gramola. Fuente: Pinterest

Ya de vuelta a la farmacia, el mancebo me asignó las tareas que debía realizar. Su trato hacia mi persona me recordaba al del cabo hacia el soldado:

El cabo, como jefe más inmediato del soldado, se hará querer y respetar de él; no le disimulará jamás las faltas de subordinación; le infundirá amor al servicio y mucha exactitud en el desempeño de sus obligaciones; será firme en el mando, graciable en lo que pueda y será comedido en su actitud y palabras aun cuando sancione o reprenda.

Lo había oído tantas veces de labios de mi tío Pedro, que terminé por aprenderlo. Contaba mi tío que, estando sirviendo a la patria, tanto él como un compañero de regimiento se carteaban con la misma chica y que ésta, finalmente, se había inclinado por el compañero por la única razón, decía mi tío, de que era cabo y él, en venganza, primero, se aprendió el artículo 4º para demostrarle que él también habría podido ser cabo y después se buscó otra novia. Esa era razón suficiente para convertirlo en mi héroe mientras vivió y, si la suerte me acompaña, espero algún día conseguir los galones que él no pudo. Ese será mi homenaje.

Salvador Luque

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RECURSOS:

— Escuchar Puppet on a string, de Sandie Shaw:

https://www.youtube.com/watch?v=VEoCAUZSfwA

— Escuchar I’m a believer, de The Monkees:

https://www.youtube.com/watch?v=wB9YIsKIEbA

— Escuchar Something stupid, de Frank y Nancy Sinatra:

https://www.youtube.com/watch?v=0f48fpoSEPU

— Escuchar Black is black, de Los Bravos:

https://www.youtube.com/watch?v=060KBHsejNg

— Escuchar Lola, de Los Brincos:

https://www.youtube.com/watch?v=2_tIdYfTtkA

EL VIAJERO DEL TIEMPO (II): SIN PAZ NO ES POSIBLE EL COMERCIO O AUNQUE LA MONA SE VISTA DE SEDA

LOS MONOS BAILARINES

Un príncipe tenía algunos monos entrenados para bailar.

Siendo naturalmente grandes imitadores de las acciones de los hombres, demostraron ser unos alumnos apropiados, y cuando los vestían con su ropa y máscaras, bailaban tan bien como cualquiera de los cortesanos.

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Esopo. Crónica de Nuremberg, 1493. Fuente: Wikipedia

El espectáculo era repetido a menudo con grandes aplausos, hasta que en una ocasión a un cortesano se le ocurrió una travesura, y tomó de su bolsillo un puñado de nueces y las lanzó sobre ellos.

Los monos a la vista de las nueces olvidaron su baile y se pusieron a actuar como en efecto eran, monos en vez de actores.

Quitándose sus máscaras y rompiendo sus trajes, lucharon el uno contra el otro por las nueces.

El espectáculo del baile llegó así a un final entre la risa y la burla del auditorio.

No se puede cambiar la naturaleza de un ser, aun vistiéndolo con ropa fina.

Esopo

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Resulta extraño el hecho de que podamos pasar años sin conocernos realmente a nosotros mismos. Es sorprendente ver cómo las circunstancias pueden cambiar un espíritu reservado en otro expresivo o a un individuo dócil en atrevido. En algún rincón del alma se deben encontrar las razones de la alegría, de la euforia y de su hija la osadía.

Nosce te ipsum Jacob Jordaens
Nosce te ipsum. Grabado de Jacob Jordaens (1593-1678). Fuente: Wikimedia commons

Llevaba razón don Obdulio, el maestro del que he olvidado el rostro pero no su enseñanza, nosce te ipsum, repetía, y hoy vino a mi mente. En los pocos días que llevaba en Madrid había descubierto mi carácter cambiante, inestable, inseguro, tan diferente del que adorna a los triunfadores; tan desprovisto de las virtudes que, según el extraño, deben engalanar a los inversores bursátiles. Y, sin embargo, decidí seguir adelante. De pronto, todas mis preocupaciones se trocaron en entusiasmo.

Era san Marcos. De haber estado en Chozas del Rey, habría disfrutado de un magnífico día de campo allá en la laguna de Lucena saboreando un bollo de pan en forma de gallina con un huevo duro en su interior como sólo las abuelas saben preparar. Pero estaba a mil kilómetros y debía tomar una decisión.

En estas circunstancias, la primera idea que me asaltó fue la de dirigirme a la estación de Atocha y ofrecerme como mozo de cuerda como ya había hecho a mi llegada a la capital. Conocía los problemas a los que me enfrentaría. Los demás mozos no me aceptarían, me acosarían y me importunarían y no tendría a Luterio para defenderme. Pero la necesidad me acuciaba. La patrona me había conminado a pagarle o dejar la pensión en dos días y, haciendo de la necesidad virtud, aceleré el paso dispuesto a hacer frente a cualquiera que se interpusiese en mi camino. El Real Madrid había ganado la Liga y había finalizado la temporada venciendo 5-0 al CD Sabadell, según leí en los restos de un periódico que alguien había abandonado cerca de la plaza de Neptuno y yo pensé en el señor que los domingos por la tarde pregonaba La Goládea en Medina Elvira provocando las carcajadas de los paseantes. Tomé los restos del diario y lo abrí por la sección de anuncios por palabras.

Real Madrid
Real Madrid C.F. campeón de liga 1966/67. Fuente Flickr

Estaba reciente en mí la conversación que había oído entre dos huéspedes de la pensión:

—No hay mejor forma de conocer a la gente de una ciudad que leer la sección de pequeños anuncios de un periódico —dijo uno de los contertulios.

—Efectivamente —respondió el otro—, creo que lo más interesante de un diario viene al final.

—La ciudad es un ser vivo —retomó su discurso el primer huésped— y como tal, está dotada de cuerpo y de alma. El cuerpo lo podemos conocer paseando por sus calles, admirando sus edificios, sufriendo su bullicio; sin embargo, el alma, como cualquier alma, es invisible, como lo son las de sus moradores. Es única aunque en ella se integran las de sus habitantes pero, aunque intangible, podemos percibirla en los olores de la ciudad, en las relaciones entre sus ciudadanos y, sobre todo, en los pequeños anuncios de la prensa. Allí, en esa maraña de frases donde se violenta la ortografía, la concordancia y cualquiera de los accidentes gramaticales en pos de la economía, se entremezclan ambiciones, ilusiones, esperanzas y pillerías. Allí se esconden desesperados, ventajistas, timadores y usureros. Allí busca el avaro al necesitado, el lobo al cordero y el pecado al pecador. Allí el confidente envía mensajes y recibe consignas. Allí el amado se comunica con su amada, el devoto con su patrón y el egoísta consigo mismo. Agradecidos, atormentados, mentirosos y truhanes, todos encuentran su hueco. En definitiva, aunque silenciosos, estos mensajes gritan a los cuatro vientos el devenir ciudadano.

¡Cuánto me hubiese gustado poder adquirir aquella biblioteca que se ofrecía por 246 pesetas! ¡Cuánto me hubiese gustado regalar a mi madre uno de aquellos relojes que se anunciaban en la última página! Pero todo ello estaba fuera de mi alcance. Me llamó la atención aquel anuncio que rezaba: «¡¡EMIGRANTES!! Regreso a Suiza. Vacío vehículo Mercedes, interesan viajeros. Llamad 226 XX XX».

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Homenaje al emigrante. Tocón (Granada). Fuente: Wikimedia commons

 

A la migración campo/ciudad iniciada años antes sucedió la emigración a Europa. Los cierres empresariales en España y el déficit de mano de obra en los países de destino provocado por la carnicería de la Segunda guerra mundial empujaron a los más desfavorecidos fuera de nuestras fronteras.

El retorno de estos desheredados trajo consigo el ansia de libertad como habían hecho antes en África los soldados obligados a luchar en suelo europeo.

Eran numerosas las historias que corrían de boca en boca acerca de esos desalmados que engañaban a numerosos emigrantes o a sus familias haciéndoles creer que eran compañeros de sus parientes y que volvían tras unas vacaciones ofreciéndose a llevarles cualquier paquete que quisieren enviarles.

De todas formas, viajar a Suiza no entraba por ahora en mis planes, pero era una posibilidad que, de pronto, se acomodó en mi mente.

No tuve tiempo de pensar más en dicha eventualidad pues mis ojos cayeron sobre lo que parecía ser un grupo de estudiantes que se arremolinaba frente al palacio de la Bolsa y yo, siguiendo mi querencia natural cual toro bravo enfurecido, me acerqué a ellos.

—Aunque no es el motivo de nuestra visita —dijo el profesor—, he de advertirles que estamos ante una pieza más del museo neoclásico que conforma la arquitectura madrileña.

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Palacio de la Bolsa de Madrid. Fuente: Wikimedia commons

En ese momento constaté cómo algunos estudiantes esbozaban en sus cuadernos un dibujo rápido del palacio.

—Pero, centrándonos en el objeto de nuestro estudio —continuó el profesor—, han de saber ustedes que éste es el templo donde confluyen los principales agentes económicos que impulsan la riqueza nacional. Aquí entran en contacto empresarios y ahorradores; los primeros buscan financiación para sus empresas, los segundos rentabilidad para su liquidez. Y ello bajo la ley de la oferta y la demanda.

Por lo que pude observar, era yo el que más atención prestaba al profesor; no obstante mi interés, procuré mantenerme a cierta distancia para no llamar la atención.

—Si los compradores superan a los vendedores —añadió—, los precios subirán, mientras que, en el caso contrario, los precios bajarán.

En este momento, se oyó una carcajada por parte de algunos estudiantes que obligó al profesor a llamarles la atención aunque estoy seguro de que no sabía a qué se debía la actitud de sus alumnos pues, de saberlo, no tengo duda de que él mismo se hubiese reído.

Y yo, que, a falta de inteligencia, siempre he hecho gala de honestidad, no me resisto a relatar a mis lectores la razón de aquel incidente que no fue otra sino la ocurrencia de un estudiante que, en voz baja, apostilló:

—La Bolsa sube cuando hay más tontos que listos y baja cuando hay más listos que tontos.

Caduceo
Caduceo Bolsa de Madrid. Molinelli y Taverner. Fuente: Bolsa de Madrid

Pasado el vendaval provocado por la reprimenda del docente, el estudiante en cuestión, con aire de vencedor, miró ufano a sus condiscípulos buscando su aprobación, pues este tipo de adulación es el alimento del pedante.

Sin embargo, he de reconocer que también yo le aplaudí con la mirada, ya que, no pareciéndome su sentencia ni estúpida ni perversa, no la juzgué perniciosa para la formación de un estudiante. Soy consciente de que habrá quien considere mi actitud inapropiada, puesto que podría implicar la aceptación de la vulgaridad y, como única defensa, puedo aducir que desde que el mundo es mundo la vulgaridad impera en él. ¿No es vulgar la historia de Lot?, ¿no fue vulgar la vida de la de los tristes destinos? y ¿qué decir de Volterra, il Braghettone, acaso no actuó de forma vulgar al cubrir los desnudos de Miguel Ángel? Entonces, ¿por qué no he de serlo yo que no recibí más educación que la que se dignaron darme en un frío internado de Medina Elvira?

Pero dejemos de lado la reivindicación de la vulgaridad y volvamos a nuestra historia.

—Antes de entrar al palacio —el profesor retomó su explicación—, quisiera resaltar la importancia de una información rápida y objetiva de todo cuanto afecte al mercado para que cada participante pueda tomar la decisión que mejor responda a sus intereses pues, no en balde, la transparencia debe reinar en cualquier operación.

Y dicho esto, el grupo, tras su profesor, se acercó a la puerta de entrada. Yo, siguiendo un comportamiento del todo extraño en mí, intenté acceder al edificio confundido entre los estudiantes, pero un bedel llamó mi atención con un golpecito en el hombro:

—Perdone, señor —me dijo—, sólo puede entrar este grupo de estudiantes.

Y yo, bajando la cabeza, dije para mis adentros: aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Salvador Luque

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RECURSOS

— Leer las Fábulas de Esopo on line:

https://books.google.es/books?id=RVcvDgAAQBAJ&pg=PA304&lpg=PA304&dq=los+monos+bailarines&source=bl&ots=HfMpAVRQFs&sig=ujGW1MFZkYKN0xySllT0TEet_Zk&hl=es&sa=X&ved=0ahUKEwjw3ebz-sHUAhWSfFAKHfw1DoI4ChDoAQg3MAI#v=onepage&q=los%20monos%20bailarines&f=false

http://edyd.com/Fabulas/Esopo/E1AguilaCuervoPastor.htm

— Escuchar la versión sonora de la fábula Los monos bailarines, de Esopo on line:

http://audiovisuales.uned.ac.cr/mediateca/audio/1955/f%C3%A1bula-%E2%80%9Clos-monos-bailarines%E2%80%9D

EL VIAJERO DEL TIEMPO (I): ¿QUÉ TENGO YO QUE MI AMISTAD PROCURAS? O EL EXTRAÑO QUE DIO CONSEJOS AL AUTOR PARA INVERTIR EN BOLSA

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta, cubierto de rocío,

pasas las noches del invierno oscuras?

 

Sello Lope de Vega
Sello conmemorativo del tercer centenario de la muerte de Lope de Vega. (Fuente: Wikipedia)

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,

pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,

si de mi ingratitud el hielo frío

secó las llagas de tus plantas puras!

 

¡Cuántas veces el ángel me decía:

«Alma, asómate ahora a la ventana,

verás con cuánto amor llamar porfía»!

 

¡Y cuántas, hermosura soberana,

«Mañana le abriremos», respondía,

para lo mismo responder mañana!

 

Lope de Vega

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Al día siguiente me levanté con la angustia de no saber qué hacer ni a dónde ir. Aunque límpido para el mundo, el cielo, para mí, estaba gris, y mi alma, desesperada, gritaba cual fiera agónica ante la indiferencia de los pasantes.

Tal vez debería excusarme ante mis lectores por haber comenzado mi relato de la forma en que lo he hecho así como de haber escrito las líneas que siguen, e incluso comprendería su actitud si decidieran saltarse quince o veinte renglones por considerarlos superfluos. Sin embargo, tengo un pretexto para justificar el haberlos incluido en mi narración, y ese pretexto no es otro que mi natural franqueza y mi deseo de veracidad seguro como estoy de que, finalmente, serán del agrado de quien decida seguir el orden natural de esta crónica.

Falto de alguien que guiase mis pasos, perdido y desorientado, erré por la gran ciudad e, instintivamente, entré en una iglesia. No había nadie. Un suave aroma a incienso que invitaba al recogimiento embriagaba el ambiente.

Milo Winter
Ilustración de Milo Winter (1888-1956) para Las mil y una noches. (Fuente: Wikipedia commons)

Aturdido por el penetrante olor, caí en una especie de éxtasis, mi mente retrocedió más de mil años y, como en un sueño, se vio invadida por Scheherezade y el malvado Shahriar e intentaba recrear las notas de Rimski-Kórsakov que tarareaba mi abuela mientras cosía al calor de la lumbre con un enorme gato moteado posado en su hombro izquierdo, y yo, absorto, oía sus relatos mil veces repetidos. Uno de mis preferidos era aquel en que me contaba cómo, allá en São Paulo, supo de la muerte de su padre por mediación de una vecina espiritista que vino a anunciárselo un día de buena mañana. Un mes después recibiría la carta con la triste nueva. Un mes después, cuando ya el padre João había accedido a dedicarle una misa tras el pago de tres reais.

Ensimismado como estaba, el chirrido de la puerta me hizo estremecer volviendo a la realidad, sin embargo, al girar la cabeza observé cómo se cerraba pero nadie entró salvo una bocanada de aire fresco. La inquietud me asaltó. Sabemos que existe el viento, nadie lo ha visto pero lo sentimos, ahora bien, ¿existen los espíritus?, nadie los ha visto pero en aquel momento yo me sentía observado. Presa del desasosiego, sentado en el último banco dirigí mi petición al Todopoderoso: Iudica me, Deus, et discerne causam meam de gente non sancta: ab homine iniquo et doloso erue me.

Ciertamente, el ambiente eclesial está saturado de espíritus que nos contemplan y son capaces de influir en nuestro ánimo.

Vinieron a mi mente los tiempos en que fui monaguillo cuando, antes del oficio, entrábamos en la sacristía y, bajo la vigilancia del sacristán, nos colocábamos las sotanas rojas y los roquetes blancos; instantes después entraba don Antonio y el silencio se imponía mientras recitaba sus oraciones al revestirse: primero el amito, «Impone, Domine, capiti meo galeam salutis, ad expugnados diabolicos incursus»; le seguía el alba; el cíngulo, símbolo de mortificación; el manípulo y la estola cuyos nombres confundía yo frecuentemente, y, finalmente, la casulla, «Domine, qui dixisti: Iugum meum suave est et onus meum leve: fac, ut istud portare sic valeam, quod consequar tuam gratiam. Amen». Esta oración coincidía con el tercer toque y la celebración comenzaba.

El cambista y su mujer
El cambista y su mujer (1539). Marinus van Reymerswaele (1490-1567). Museo del Prado. (Fuente: Wikipedia)

Ante mi sorpresa, advertí que, a pesar de creerme el único mortal en el templo, un hombre se había sentado junto a mí. En otras circunstancias, esto me habría hecho recelar, sin embargo, no teniendo nada que temer y deseoso de poder hablar con alguien que pudiese ayudarme ante el negro futuro que se me presentaba, opté por quedarme con la esperanza de que me dirigiera la palabra. No sé cuánto tiempo pasó pero al cabo me preguntó:

—¿Eres creyente, chico?

—Sí —respondí.

—Yo no lo soy —repuso.

—¿Y qué hace usted aquí? —le pregunté.

—Me gusta observar. Es curioso ver cómo la gente se aferra a creencias irracionales. No acabo de comprender cómo alguien que vivió hace dos mil años puede ejercer una influencia tan decisiva sobre millones de personas.

—Bueno, era el hijo de Dios Todopoderoso —le dije seguro de que mi respuesta le satisfaría.

—Sí, eso ya lo he oído infinitas veces pero yo creo que en realidad era un alborotador.

—También era un alborotador que luchaba contra la injusticia —fue mi respuesta.

Mi ánimo se vio invadido por una gran fortaleza, no por creer que había convencido a mi interlocutor, sino por constatar que yo también era capaz de rebatir sus argumentos. Tu es, Deus, fortitudo mea.

Y señalando a un cuadro donde se representaba la Última Cena, dijo:

—¿Alguna vez te has preguntado si, en realidad, estarían preparando algún complot?, ¿sería posible que Judas fuese un infiltrado?

Ante el temor de que este hombre hiciese estallar los pilares de mi fe, lo único a que podía aferrarme en el angustioso trance en que me encontraba, opté por levantarme e irme, sin embargo, asiéndome por el brazo, el extraño se disculpó y me hizo volver a sentar.

—Aunque tú no me conoces, yo sí te conozco a ti. Sé el mal momento que estás pasando y me gustaría ayudarte.

—Pues yo estoy seguro de no haberle visto nunca —repuse.

—Eso no tiene gran importancia.

El cambista QM
El cambista y su mujer (1514). Quentin Massys (1466-1530). Museo del Louvre. (Fuente: Wikipedia)

Desesperado como estaba y aun siendo consciente de la imprudencia que estaba cometiendo al hablar con un desconocido, decidí permanecer, pues mi necesidad superaba a mis miedos.

—Llevo días observándote y he llegado a la conclusión de que sientes una gran fascinación por el mundo bursátil.

—Si —contesté—, tengo entendido que es un negocio tan enrevesado que podría ser que ni los propios corredores lo comprendan plenamente.

—Efectivamente —añadió—, para poder defenderse en ese mundo y no ser devorado en la primera ocasión se necesita mucho trabajo, mucho estudio, mucha paciencia y mucha disciplina. Son numerosos los que, sin estar adornados por estas cualidades, han osado adentrarse en esa selva y se han topado con la cruda realidad.

Inteligente y observador como parecía ser el extraño, no tardó en darse cuenta del temor que sus palabras producían en mí y, para atizar aún más el fuego, añadió.

—Piensa que para cada una de las miles de operaciones que cada día se llevan a cabo en el palacio de la Bolsa se necesitan un vendedor y un comprador.

—Es evidente —dije con la única intención de advertirle de que seguía su discurso.

—Convendrás conmigo en que las dos partes intervinientes en cada operación esperan obtener un beneficio de la misma.

—Naturalmente.

—Bien, pues en cada una de esas operaciones hay siempre uno que se equivoca. Ya sea el vendedor porque, de mantener sus acciones, hubiese podido obtener un precio más elevado en el futuro, ya sea el comprador, por la razón contraria.

—Nunca se me había ocurrido pensar en ello —respondí con cara de asombro.

—No debes extrañarte pues son demasiados los que nunca han pensado en ello, sin embargo, el simple hecho de saber que la mitad de los miles de intervinientes en el mercado de valores toma decisiones erróneas hará que te pongas en guardia y antepongas la prudencia a la avaricia.

Ante el silencio causado por el estupor que en mí habían generado sus palabras, intentó tranquilizarme:

—Sin embargo, cual funambulista, podrás dotarte de una red.

Los cambistas
Los cambistas (1548). Escuela de Marinus van Reymerswaele. Museo de Bellas Artes de Bilbao. (Fuente: Wikipedia commons)

Como mi silencio se prolongaba, añadió una serie de consejos que yo, con la licencia de quienes me leen, expongo a continuación sin omitir nada salvo el tono grave de su voz que dotaba a sus palabras de una dignidad acorde con el escenario en el que nos encontrábamos, y lo hago con la seguridad de que les serán más útiles a ellos de lo que me han sido a mí:

— Escucha siempre —dijo— el consejo de los prudentes y no desdeñes sus enseñanzas.

— Huye de los embaucadores que, mediante halagos y hermosas palabras, te prometen ganancias fáciles. Que tus pies no pisen los caminos que ellos huellan y no olvides que el engaño se alimenta de la ingenuidad. ¡Cuántos bobos creen sus palabras! ¡Cuántos incautos caen en sus redes!

— Prepárate y confía en tu trabajo, abre tu mente a la perseverancia y a la justicia, sé prudente y disciplinado cuando te hayas trazado un plan porque estas virtudes te protegerán. Por el contrario, su ausencia te conducirá al fracaso.

— Nunca inviertas todos tus ahorros, porque eso es de necios. Guárdate siempre una cantidad tal que, si sufres una adversidad, ningún enemigo pueda observar que tu vida ha cambiado.

— Aprende de tus errores porque la inteligencia no es más que el recuerdo de lo que hemos vivido. No olvides que es la memoria la que nos diferencia de los animales. Para un animal, cada día es el primero porque no recuerda lo que aprendió ayer, pero tú, dotado como estás de memoria, debes aprender de tus errores para no repetirlos.

— No olvides que el triunfador no es más inteligente que los demás, sino más exigente consigo mismo.

— Ten en cuenta que el mercado, en ocasiones, experimenta violentos vaivenes que pueden afectar gravemente a tu patrimonio.

Acto seguido, sin darme tiempo a asimilar sus palabras, me preguntó:

—¿De cuánto dinero dispones?

—De cuarenta pesetas —respondí con rapidez.

—Siento desilusionarte —me dijo—, pero poco podrás hacer con esa suma. Intenta conseguir algo más y nos vemos en este lugar dentro de quince días.

Y, sin más, se marchó. El silencio volvió a apoderarse de la iglesia. Al fondo, cerca del altar mayor, titilaban las mariposas que algún devoto había encendido. Y yo, fascinado por mi nueva conocencia e intentando superar la angustia que me invadía por lo incierto de mi porvenir, salí a la calle dispuesto a comerme el mundo.

Salvador Luque

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RECURSOS

— Escuchar online Scheherezade, de Rimski-Kórsakov, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Valery Gergiev:

https://www.youtube.com/watch?v=SQNymNaTr-Y

— Escuchar online el soneto ¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?, de Lope de Vega, recitado por Alberto Closas:

https://www.youtube.com/watch?v=iRMm7dkec0Q